
Relámpago rojo carmín, la sombra de unos tacones se esfuma entre el bullicio matutinal. Viajeros y trabajadores desayunan rayos de sol, café con prisa, y altavoces loros. Todo se alarga y se desvanece, mientras unos corren detrás de unos segundos, otros se quedan esperando horas...
Y el viejito, siempre allí.
Con su tiempo que se paró para siempre... en la estación de buses de Granada.
(PD: regina
(regina es rebuenisima...)